miércoles, 5 de julio de 2017
(El calor que da vida) Un gemir de dolor, inundó mi garganta El filo hostil de un puñal atravesó mi pecho . Herido, inerte el corazón apenas latía, en mi conciencia solo el silencio irrumpía Aun así, elevaba la mirada hacia el cielo ¡ Clamando repetía... señor no me lleves sin conocerla! A lo lejos una anciana divisaba, encorbada; a pasos lerdos se acercaba. ¡Era ella, a quien ver tanto anhelaba! En la austeridad de la noche con su trémula mirada aturdida; observaba mi agonía Con voz trémula, susurraba en mi oído ¡No me dejes hijo mio! Unas gotas de rocío, corrían sus mejillas eran lágrimas de mi madre que lavaban mis heridas vagos recuerdos confundieron mi mente, sentí mi cuerpo, que yacía casi sin vida . Unas manos tibias acariciaban mi rostro pálido; suave brisa enjugaba mis pupilas no me dejes hijo mío repetía con sollozo Me acunó en sus brazos me besó la frente, por amor mi corazón volvió a latir fuerte con otro beso me devolvió la vida, no hay mortal herida que no cura el amor de quien nos dió la vida. Nery .Y.López. C. 1/10/1.995 
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