miércoles, 15 de noviembre de 2017
Sólo Ámame Ámame sobre la galaxia atornillada de tu puerto, en húmeda huella del viento bajo desierto cristal azul con mi gélida mirada tenebrosa de un destino incierto. Solo ámame, entre abandonado hueco de tus deseos. Te pienso, la noche empieza bordando estrellas en mi pluma Hablo de ti a las Hespérides y te retrato entre espumas. La brisa sonríe, me inunda con su voz de lluvia, abro la puerta del alma me refugio en tus manos tibias. Llevo una rosa degollada como lanza en el pecho, busco el fulgor de tus luceros en esta noche endecha. Amor mío, no apagues el sol entre tus dedos, quiéreme sin despecho desátame de este enredo. ¿No ves que me estoy muriendo sin tu abrigo sin tus besos? La noche sale en su carroza, vestida de amapola y yo, enredada en claroscuro pensamiento sola. Amado mío, en la penumbra de mis ansias te retrato, esas caricias tuyas en hurtadilla en mi almohada desato. ¡Ven y salvame de esta soledad cruel e inicua! Ala dorada de infinitud magullada por olvidos sempiternos, Hoy volvieron aflorar en resquicios de luz lo vivido al sucumbir entre nubarrones cárdenos el amor inmolado. Abrazo tu sombra intangible con delirante nostalgia, grito un te amo inelutable y lloro por un beso inasequible. Me asombra el viento vagabundo me roza la espalda, te nombro en delirio en este silente noche, bajo el orbe azul cubierto de lumbres. Miro el mar; su espejo de cristal desde la cumbre. En ese movedizo cristal retrato tu opalescente figura, las olas de plata al llegar dejan mas borrosa tu fulgura. Entoces lloro, las ninfas me abrazan; me desahogo hablándolas de mis cuitas. La noche está crápula, bajó presurosa por los escalones olagoclasa, con rauda ventisca huyó tras la utopía. Y la luna parsimoniosa se escondió entre algodones gélidos, quedé aterida, de mis dos estrellas caen lluvias de pena. ¡Que importa la opacidad de la noche, que importa la nogtívaga luna... no sé de olvidos! Las alas crusificadas del amor, en mi ávido pecho han crecido. En abisal soledad, en mi petrificada garganta tu nombre ha florecido y en súbito silencio, irrumpió el eco de un te amo, haciéndose audible en un muriente vacío reclamo. Ámame bajo el muriente ósculo de la alborada. Laberinto de Nery.
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