Un gemir de dolor, atascó mi garganta
El filo hostil de un puñal atravesó mi pecho .
Herido casi inerte el corazón seguía latiendo,
solo el silencio irrumpía , entrelazados
¡ No había palabras en mi boca la cual podía decir
muero !
Aun así, elevaba la mirada hacia el cielo y clamando
repetía... señor no me lleves sin conocerla
De pronto, a lo lejos una anciana divisaba,
encorbada a pasos lerdos se acercaba
¡Era ella, a quien tanto anhelaba!
En la austeridad de la noche ,con su mirada triste,
observaba mi agonía
Una voz trémula, susurraba en mi oído,
un te quiero, hijo
mio
Unas gotas de rocío, corrían por sus mejillas
¡Fueron lagrimas de mi madre que lavaban
mis heridas!
Vagos recuerdos confundieron mi mente, sentí mi cuerpo,
que yacía aún con vida .
Unas manos tibias acariciaban mi rostro ;con sollozos
repetía, no me dejes hijo mio.
Me acunó en sus brazos y me besó la frente, sentí muy
fuerte mi corazón latir, por ese amor que no conocía ,
con otro beso en la mejilla, me devolvió la vida
No hay mortal herida que no cura, el amor de quien te dió
la vida
Autora: Nery Ygnacia López
Derechos Reservados

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